22. La bella la bestia y el rey. Parte 2.


En el episodio anterior comenzamos a hablar de la versión bíblica de la bella y la bestia. 3 personajes bíblicos, que se encuentran en 1º. De Samuel capítulo 25: Nabal (la bestia), Abigail (la bella), y David (el rey).

Nabal murió de un infarto por un cólera. Pero conozcamos a Abigail, su nombre significa la alegría del padre. La biblia dice que ella era hermosa e inteligente. El casi rey David pidió ayuda a Nabal, quien respondió con groserías e improperios poniendo en peligro su vida y la de toda su casa. David tomó sus armas para aniquilar a Nabal y a todos los que estuvieran con él, y ante eso Abigail se adelantó, preparó alimentos abundantes para David y sus soldados, quien en su arranque de cólera estaba camino a cometer un terrible error, pero eso te lo cuento en el otro episodio.

Abigail aplacó el enojo de David y este contuvo su ira y frenó su ataque. La bella de la historia salvó a todos. A nabal, a sus criados, a sus trabajadores, a David de un error y obviamente a ella misma.

Proverbios dice: “Mujer virtuosa quien la hallará?”… y el Apóstol Pedro escribió acerca de la belleza de una mujer sabia, suave y apacible. Las mujeres de hermosura externa atrapan las miradas, pero la belleza del corazón enriquece la vida de los que las rodean. Tu eres algo más que una despampanante figura o un espectacular peinado, el estereotipo de la belleza femenina que seduce a los ojos y alimenta la lujuria ha sido la razón de adulterios, frustraciones, menosprecios, y una cultura obsesionada por la sexualidad irracional y voraz. Usted es más que una medida perfecta de cintura, la tenga o no. En todo caso, al pasar los años la demanda para mantener esas medidas será mayor hasta ser insostenible, pero la belleza de su corazón trascenderá de generación en generación, piénselo, su belleza interior es un regalo para los que la rodean ahora, y un legado para el mañana.

“Que la belleza de ustedes no sea la externa, que consiste en adornos tales como peinados ostentosos, joyas de oro y vestidos lujosos.

4. Que su belleza sea más bien la incorruptible, la que procede de lo íntimo del corazón y consiste en un espíritu suave y apacible. Ésta sí que tiene mucho valor delante de Dios”.

1ª. Pedro 3.3-4

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