¿Cómo avivar el Fuego de tu avivamiento?

2 Tim 1:6-7.

“Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos.

Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”.

¿Has visto una fogata?… ¿Has estado allí?… encender una fogata teniendo los elementos y condiciones necesarios en realidad no es tan difícil, pero mantener ese fuego encendido es toda una batalla. El fuego se enciende y pero pronto tiende a apagarse, así es, el fuego siempre tiende a apagarse y debemos luchar por mantenerlo encendido. En nuestra vida espiritual sucede lo mismo, el fuego de tu comunión con Dios se enciende durante un tiempo especial de alabanza y adoración, o por el toque del Espíritu Santo en una predicación o en un tiempo de ministración. La llama se aviva en el servicio de la iglesia, en un retiro, en una transmisión por las redes, aún durante una conversación con alguien que es portador de esa pasión viva, intensa y poderosa de Dios. El fuego arde en esos tiempos extraordinarios de oración o mientras cantas esa alabanza que sabe sacudir tus entrañas espirituales. En fin, así es el fuego, intenso, poderoso, espectacular, lamentablemente ese fuego tiende a apagarse y debe ser avivado. Ese fue el consejo del apóstol Pablo al joven pastor de la iglesia de Éfeso, Timoteo, “…te aconsejo que avives el fuego…”, y ese consejo trasciende a nosotros para este tiempo, que no se apague el fuego, no lo permitamos, no lo permitas, avívalo porque el fuego no se debe apagar, ningún cristiano, ninguna iglesia, ningún hijo o hija de Dios lo debe permitir, el fuego nunca se debe apagar.

Una iglesia pasiva, adormecida o acomodada, es sacudida e impulsada por el poder del Espíritu Santo, mediante la Palabra, a través de la oración, hacia un derramamiento de su presencia no ordinario, hacia un fuego vivo que transforma y apasiona. El reto en nuestra vida espiritual es mantener ese fuego encendido. Suele suceder que después de un tiempo poderoso con Dios, viene el terrible “bajón”. El “bajón” vendrá, porque el fuego siempre tiende a apagarse, es su reacción normal, entonces debemos estar listos para poner más leña al fuego  y seguir adelante.

Revisemos en este primer episodio, cuáles son las causas por las que se apaga el fuego, para cuidarnos de ellas, identificarlas y corregir. Revisemos las causas para buscar la medicina. Para evitar una extensión excesiva del documento solo están las referencias bíblicas, te animo a revisarlas para fortalecer con la Palabra de Dios las ideas.

¿Qué causa que tu fuego se apague?

  1. Conformismo. Cuando te acomodas y te quedas con lo que alguna vez pasó en tu vida espiritual (2 Reyes. 4:6). Que no cese tu sed y hambre por Dios. No te conformes con lo que pasó hace 5 años en tu vida espiritual, no te quedes celebrando las glorias pasadas porque ciertamente ya pasaron, eso es conformarte. Cuando se acaban las vasijas vacías, cesa el aceite, pero mientras tu corazón siga siendo una vasija sedienta, el aceite seguirá fluyendo.
  • Distractores. Cuando pierdes la concentración. Aquello que te desenfoca y distrae, lo que absorbe tu pasión y concentración hasta apagar el fuego. Esto pasa por relaciones, las ocupaciones del día a día, etc. (Jueces  16:4-6; Mateo 13:22; Col 3:1-2). 
  • Pecado. Cuando te ensuciaste. El pecado es todo un balde de agua fría sobre la fogata. El pecado no confesado absorbe tu vitalidad espiritual como un parásito, un intruso dentro de ti que está absorbiendo el vigor de tu fe. (Sal. 32:1-5). 
  • Problemas. Cuando la carga es pesada. Los problemas, tiempos difíciles y las pruebas, son batallas que te desgastan y desaniman. (Mateo 24:12-13; Mateo 13.20-21).
  • Frustración. Cuando fallaste en el intento. Aquellos episodios cuando has intentado levantarte y seguir adelante con todo empeño y que terminaron en otra caída y desánimo. Cuidado con tus intentos, esfuerzos y promesas para Dios, mejor confía de todo corazón en las promesas de Dios para ti y en su amor que nos rescata. (Santiago 1:25).
  • Soledad. Cuando te aíslas. Tu fuego se apaga cuando te alejas de aquellos que están en las mismas batallas que tú por mantener el fuego encendido. Peor aún, te acercas a aquellos que están completamente lejos de Dios ahogando completamente tu fe. (Heb 10:23-25).
  • La presión de grupo y del mundo. Cuando no pudiste contra todos. Esa presión por hacer aquello que no es correcto a la luz de la Palabra y que puede ser muy natural para otros. El mundo, tus amigos, familiares, medios de comunicación, etc. te presionan y sucumbes, apagando tu comunión con Dios. (2 Ped. 2:20).
  • Descuido. Cuando te descuidaste. Una de las formas usuales y sigilosas en las que el fuego de tu vida espiritual se apaga es porque simplemente lo descuidas. En el ir y venir de cada día dejas para más tarde la oración, luego leerás tu Biblia, mañana harás el devocional, y así pasa el tiempo y todo va quedando rezagado, al final el fuego sin leña se apaga. (Ef. 5:15-16, 2Pedro 3:14; Heb 2:1; 2 Timoteo 2:15).

Estas son algunas de las causas por las que el fuego se apaga en tu vida. Seguramente habrán más, por ahora, evalúa si alguna de estas razones es la causante por la que has sentido que el vigor de comunión con Dios ha mermado, lee los versículos que hay en cada causa, toma decisiones y deja que el Espíritu Santo te guíe para avivar el fuego de Dios que hay en ti.

Carlos Navas - Movimiento AVIVADORES

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